sin piel alguna

sábado, julio 17, 2004

drenando

Hoy, voy  reseñar que ayer llore, estaba represado; llegue a creer que me había endurecido de tal forma que esa puerta de escape estaba sellada. Me confieso llorón, todos deberíamos serlo, drena el alma o el espíritu, no lo tengo claro.
 
La llave fue una foto, una foto cotidiana; una cocina, una mesita de pantry bien vestida, un desayuno sencillo -un tarro de mermelada y unas tostadas- una ventana al fondo encortinada y full de claridad y ellos, recién levantados, semidesnudos, sentados  y besándose. Un verdadero y delicioso beso de amor, ausente de pasión.
 
Una foto de hogar.
 
Me atrapo, la vi y la re vi.  De repente las lagrimas a borbotones,  en silencio.  Lloraba un muerto insepulto; llanto de perdidas, de mi hogar dilapidado tiempo ha, más que dilapidado; botado, más que botado; fumado.
 
Conservare esa foto como norte,  volveré a tener todo eso, sencillamente Dios quiere reponérmelo y cuando lo consiga, esa foto estará enmarcada y en la cocina,  para verla todos los días.
 
Es bárbaro el camino transitado.

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